Pablo siempre nos sorprendía con su curiosidad y amplios conocimientos sobre la historia. Una mañana preguntó de pronto en la asamblea: "¿Sabeis lo que es el infinito?" Sus compañeros le miraron con cara de asombro "¿El infinito?" preguntaron. Presté atención deseosa de saber que palabras utilizaría para explicar tan abstracto concepto y escuché su respuesta:
"¿No lo sabeis? ¡¡El infinito es un ocho tumbado!!"