martes, 27 de marzo de 2012

¡¡ Lo he perdido!!

Creo que fué una de mis primeras excursiones como maestra y todos estabamos muy ilusionados con el evento.
Los niños de 5 años llevaban más de una semana tachando los días en el calendario de clase y contando los que nos quedaban para realizar tan esperado viaje, pues realizaríamos el viaje en autobús hasta el Museo de Aviones de Cuatro Vientos en Madrid, dónde el padre de una de las alumnas, Rocío, nos esperaba para desarrollar la visita.
Por la mañana, todos acudieron luciendo sus más vistosos trajes y complementos. Las niñas llevaban vistosos peinados y se apresuraban a dejar los babys en la percha, ¡hoy no se usaban!. Las mamás que pudieron habían acudido a la clase para acompañarnos hasta el autobús que ya nos esperaba en la entrada del colegio. Todos se apresuraban en la fila de mano de su compañero/a para subir pronto y elegir asiento. Fué entonces cuando Luis Miguel se despedía de su madre, que le daba abrazos y besos asi como últimos consejos para el viaje.
Apenas habiamos comenzado el recorrido, algunos niños me llamaron para avisarme de que Luis Miguel lloraba desconsolado. Cuando me acerqué comprobé que había sacado todo el contenido de su mochila y repetía: " Lo he perdido, lo he perdido"
- ¿Que ha sucedido, Luismi" le pregunté, ¿que has perdido?
- Él me explicó: " Mi madre me ha dicho que si me sucedía algo, llevaba su movil en mi mochila, .... pero no está lo he perdido.....¡¡¡solamente tengo este papel lleno de números!!! Mi mamá se va a enfadar.







¡¡Cuantas veces, nuestro vocabulario puede resultar ambiguo para ellos!!

domingo, 25 de marzo de 2012

Poema infantil de otoño y primavera.

Hace mucho tiempo, cuando era estudiante de magisterio y hacía las prácticas en un colegio de Burgos, recopilé, de cara a añadirlo en el "prácticum" un puñado de poemas escritos por los alumnos con los que conviví. Eran niños de 2º de EGB. Un poema me llamó especialmente la atención. Me pareció tan bueno que pienso que estaba copiado. Si no fuera así, aquel incipiente poeta de 7 años era un genio. Juzgaz vosotros mismos:

¡Cómo nevaba y se caían
las hojas de mi árbol!
Aquellas suspiraban
y parecían oro.

Yo las guardaba
cariñosamente en mi pañuelo.

Cuando la primavera
yo besaba todas las hojas caídas
e iba a recibir las nuevas hojas,
y cogía el pañuelo de mis recuerdos
y le extendia echando las hojas
por las marrones raíces del tronco.
Porque yo creía que gritaban:
¡Quiero sol!

Francisco Rafael. 1975. 2º de EGB.

viernes, 16 de marzo de 2012

El tonto de las medallas

Busca el hombre su ración de premios, su porción de honores. Desea y reclama su cuota de prestigio, sus cinco minutos de fama. En los niños se expresa de una forma inmpúdica,  a veces rabiosa. En los adultos formas mucho más elaboradas, camufladas con motivaciones complejas.
Pienso, con una sonrisa, en mi sobrino Raúl. Es un crío encantador, sensible, algo atolondrado... Tiene a su primo Sergio como compañero y amigo de juegos. Comparten familia, edad, colegio... pero Sergio ha madurado antes y su caracter reflexivo y despierto le hace competir con éxito en la mayoría de las actividades. Destaca en muchas facetas y raro es el mes en que no ha ganado algún concurso, tenido la mejor nota o conseguido algún trofeo.
Les recuerdo hace algunos años. Quizás fuera en uno de aquellos veranos en que mi sobrino Sergio acudía a uno de esos campamentos urbanos de la época estival. Había conseguido "una medalla de oro" en uno de los juegos que se organizaban y Raúl se moria de envidia por tener una igual. Insistía e insistía a las puertas de la rabieta. Tan pesado se puso que su padre le recriminó: - ¡Hijo mío, pareces tonto, con eso de la medalla... !
Y Raúl, encoraginado, le replicó: - ¡Vale, pues seré tonto! ¡Pero el tonto de las medallas!